Como Jesús, debemos ir a las “comunidades de los marginados”

y a las “comunidades del sufrimiento”

 



“Yendo Jesús a Jerusalén, pasaba entre Samaria y Galilea. Y al entrar en una aldea, le salieron al encuentro diez hombres leprosos, los cuales se pararon de lejos y alzaron la voz, diciendo: ‘¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!’ Cuando Él los vio, les dijo: ‘Id, mostraos a los sacerdotes.’ Y aconteció que mientras iban, quedaron limpios. Entonces uno de ellos, viendo que había sido sanado, volvió glorificando a Dios a gran voz; y se postró rostro en tierra a los pies de Jesús, dándole gracias; y éste era samaritano. Respondiendo Jesús, dijo: ‘¿No fueron diez los que quedaron limpios? ¿Y los nueve, dónde están? ¿No hubo quien volviese y diese gloria a Dios sino este extranjero?’ Y le dijo: ‘Levántate, vete; tu fe te ha salvado.’” (Lucas 17:11-19)

 


(1) Después de leer el pasaje de hoy, Lucas 17:11-19, primero en la Biblia coreana y luego en el texto griego, lo primero que llamó mi atención fue la expresión “entre Samaria y Galilea” (διήρχετο διὰ μέσον Σαμαρίας καὶ Γαλιλαίας, diērcheto dia meson Samarias kai Galilaias) por donde pasó Jesús (v. 11).

La razón por la que me interesé en esta frase es que allí había “una aldea” (τινα κώμην, tina kōmēn) y en esa aldea había nada menos que “diez hombres leprosos” (δέκα λεπροὶ ἄνδρες, deka leproi andres) (v. 12).

¿Por qué había allí una aldea y por qué precisamente diez leprosos vivían agrupados en aquel lugar?

1. El significado geográfico y social de “entre Samaria y Galilea”

La expresión griega “dia meson” (διὰ μέσον) significa “entre”, “a través del medio” o “por en medio”.

Geográficamente, Galilea se encontraba al norte, Samaria en la región central y Judea al sur.

Jesús se dirigía hacia Jerusalén (al sur), lo que significa que avanzaba por la región fronteriza entre Galilea y Samaria, siguiendo la línea divisoria entre ambas.

Esta zona fronteriza era una especie de “tierra de nadie” (No Man’s Land), un territorio abandonado tanto para los judíos (galileos) como para los samaritanos. Como ambos pueblos normalmente evitaban relacionarse entre sí, aquella región fronteriza era poco transitada y socialmente marginada.

2. ¿Por qué había allí una “aldea” y por qué se reunían allí “diez leprosos”?

Aislamiento obligatorio según la Ley: Conforme a la Ley de Levítico (Lv. 13:46), los leprosos debían vivir fuera del campamento, aislados de la comunidad o expulsados fuera de las ciudades.

Una comunidad de marginados: El único lugar donde podían vivir juntos quienes habían sido expulsados de la sociedad era una zona fronteriza donde las divisiones étnicas eran difusas y donde la gente común rara vez se aventuraba. Por ello, la “aldea” (tina kōmēn) mencionada en el texto probablemente no era una aldea administrativa ordinaria, sino más bien una colonia de aislamiento, una comunidad formada por leprosos expulsados de la sociedad que intentaban sobrevivir.

El sufrimiento derribó las barreras étnicas: Aunque normalmente judíos y samaritanos se consideraban enemigos, ante el terrible sufrimiento de la lepra las diferencias étnicas perdían importancia. Dado que más adelante aparece un samaritano entre los diez, es evidente que aquel grupo estaba compuesto tanto por judíos como por samaritanos.

La hostilidad religiosa y étnica creada por los seres humanos había quedado superada por una tragedia común, formando así una verdadera “comunidad de sufrimiento”.

3. El mensaje teológico de los pasos de Jesús

No fue una casualidad que Jesús pasara por aquel “dia meson” (“entre”).

Jesús buscó deliberadamente aquella colonia aislada situada en una frontera olvidada, una tierra que el mundo había descartado y que ni los judíos ni los samaritanos reclamaban como propia.

Este pasaje nos muestra el camino salvador del Señor, quien abraza a aquellos que habían sido empujados a los márgenes de la sociedad y que no podían hacer otra cosa que permanecer “a lo lejos” (πόρρωθεν, porrōthen) clamando por misericordia (v. 12).

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Aquí pienso que el hecho de que Jesús buscara intencionalmente esta “comunidad de marginados”, esta “comunidad de sufrimiento” —una colonia de aislamiento formada por personas expulsadas de la sociedad para sobrevivir— nos ofrece a todos los cristianos un precioso ejemplo y un poderoso mensaje.

a. La “comunidad de sufrimiento” que derriba barreras y la misión de la Iglesia

El mundo constantemente divide a las personas y levanta barreras basadas en la salud, la riqueza, la etnia o las ideologías.

Pero ante la enfermedad y el sufrimiento, tanto los judíos como los samaritanos no eran más que seres humanos heridos.

Así como la hostilidad hipócrita creada por los hombres fue derribada por el sufrimiento, este pasaje proclama con fuerza que hoy la Iglesia y los cristianos deben convertirse en una comunidad alternativa que derribe las fronteras establecidas por el mundo (ingresos, nivel educativo, inclinación política, etc.) y abrace a los que sufren como un solo pueblo.

b. Una fe que va hacia el “dia meson” (la frontera)

Muchos cristianos desean permanecer únicamente en una cómoda y segura “Galilea” o en una prestigiosa y religiosa “Jerusalén”.

Sin embargo, la mirada y los pasos de Jesús siempre estuvieron dirigidos hacia las regiones fronterizas ignoradas por el mundo, es decir, hacia las colonias aisladas de los marginados, hacia el “dia meson”.

Este pasaje nos muestra que el verdadero discipulado no comienza en el centro del mundo, sino en la obediencia incómoda de caminar deliberadamente hacia aquellos que han sido abandonados en sus márgenes.

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Al reflexionar sobre este precioso ejemplo y mensaje de Jesús, vienen a mi mente la hermana Marianne Stöger y la hermana Margaretha Pissarek, dos religiosas austríacas conocidas como “Los dos ángeles de Sorokdo”.

Pienso en ellas porque fueron a la isla de Sorokdo, en Goheung (provincia de Jeolla del Sur), una colonia de leprosos aislada por los prejuicios y el miedo de la sociedad, y allí dedicaron toda su vida a practicar el amor cristiano.

1. La dedicación de las hermanas Marianne y Margaretha

El milagro de las manos desnudas: Llegaron a Sorokdo como enfermeras en 1962 y 1966, respectivamente. Mientras que muchas personas utilizaban trajes de protección y guantes por miedo al contagio, ellas drenaban el pus de las heridas y atendían a los enfermos con sus propias manos, diciendo: “La medicina debe aplicarse cuidadosamente”.

Las abuelitas de Jeolla: Llegaron a Corea siendo jóvenes de poco más de veinte años. Lloraron y rieron junto a los residentes, aprendieron el dialecto de Jeolla y fueron cariñosamente llamadas “halmae” (abuelitas).

Amor incondicional: Durante cuarenta y tres años sirvieron como voluntarias sin recibir un solo centavo de salario. Por el contrario, recaudaban fondos entre familiares y amigos en Austria para comprar medicamentos para los pacientes y fundar un orfanato.

2. “Nos vamos antes de convertirnos en una carga” (Una partida silenciosa)

En noviembre de 2005, cuando ambas tenían más de setenta años y su salud comenzaba a deteriorarse (incluyendo la lucha de la hermana Marianne contra el cáncer), regresaron discretamente a Austria dejando únicamente una carta.

Partieron al amanecer sin avisar a nadie porque no querían convertirse en una carga para los habitantes de la isla:

“Como hemos envejecido y ya no podemos trabajar adecuadamente, dijimos a nuestros compañeros que debíamos marcharnos antes de convertirnos en una carga para el lugar donde servimos. Ahora creemos que ha llegado el momento de poner esas palabras en práctica. Estamos agradecidas por el gran amor y respeto que hemos recibido, a pesar de ser extranjeras limitadas.”

Cuando partieron, lo único que llevaban consigo era la misma vieja maleta con la que habían llegado a Corea más de cuarenta años atrás.

Asimismo, pienso en un matrimonio de obreros cristianos en la India que es apoyado por nuestra iglesia y por nuestra organización misionera familiar, Bible Mission Fellowship (BMF).

Aunque son recién casados, están sembrando la semilla del evangelio de Jesucristo en campamentos de refugiados ubicados en la frontera entre Myanmar y la India, compartiendo el amor de Jesús con quienes sufren.

a. Condiciones de vida extremadamente precarias

La mayoría de los campamentos de refugiados están ubicados en zonas montañosas remotas o en bosques alejados de los centros urbanos.

Vivienda: Debido a la falta de materiales adecuados, los refugiados construyen chozas con bambú, hojas de plátano y lonas plásticas obtenidas en los bosques cercanos. Los techos son muy frágiles y vulnerables a las fuertes lluvias del monzón.

Escasez extrema de agua y problemas sanitarios: En campamentos donde viven entre 200 y 300 personas, suele haber apenas tres o cuatro tanques de agua disponibles. Como resultado, son frecuentes los conflictos por el acceso al agua. Durante la temporada de lluvias, los ríos fronterizos se convierten en corrientes de agua fangosa, favoreciendo la propagación de enfermedades transmitidas por el agua.

Ausencia de infraestructura médica y tecnológica: El suministro eléctrico es inestable y prácticamente no existe infraestructura digital, como acceso a internet. Médicos refugiados que huyeron de Myanmar han establecido clínicas improvisadas en la frontera y luchan por atender a los enfermos con escasos recursos y sin suficientes medicamentos.

b. Factores actuales de crisis en los campamentos de refugiados (año 2026)

Conflictos internos entre grupos armados étnicos: Recientemente, además de los enfrentamientos con el régimen militar de Myanmar, diversas facciones armadas dentro del Estado Chin (como la CNDF y la CDF) han entrado en disputas por el control territorial. Esto ha provocado que miles de refugiados crucen repetidamente la frontera en cuestión de días, aumentando la inestabilidad.

Reducción de la ayuda humanitaria internacional: A esto se suma la disminución de los presupuestos de ayuda humanitaria de Estados Unidos y otros países occidentales, poniendo en peligro incluso los programas mínimos de asistencia que se mantenían en funcionamiento.

Aislamiento creciente: Mientras el gobierno de la India avanza en la construcción de una barrera de alambre de púas a lo largo de sus 1.600 kilómetros de frontera con Myanmar para frenar el ingreso de refugiados, estos campamentos temporales enfrentan una situación cada vez más crítica, quedando prácticamente aislados del mundo exterior.

Todo esto nos recuerda que los pasos de Jesús siempre se dirigieron hacia el “dia meson”, hacia las fronteras olvidadas donde viven los marginados y los que sufren. Por lo tanto, si realmente deseamos seguir a Cristo, también nosotros debemos estar dispuestos a salir de nuestras zonas de comodidad y caminar intencionalmente hacia las comunidades de sufrimiento que el mundo prefiere ignorar.

(2) En segundo lugar, quise conocer con mayor detalle acerca de los “leprosos” (λεπροὶ, leproi).
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“La ‘lepra’ (λεπρός, leprós) que aparece en la Biblia era una enfermedad trágica que iba mucho más allá de una condición médica específica como la entendemos hoy. Tenía implicaciones sociales y religiosas muy complejas en aquella época. Al examinar el significado del texto griego y su trasfondo histórico, podemos comprender de manera más concreta cuán profundo era el sufrimiento de estas personas” (Internet).

1. El alcance médico del término griego leprós (λεπρός)

Significado etimológico: La raíz griega lepō (λέπω) significa “quitar la piel”, “desprender escamas” o “pelar”. Por lo tanto, leprós era un término general que describía toda clase de enfermedades cutáneas graves en las que la piel se volvía blanquecina, escamosa o se desprendía.

Alcance de la enfermedad: No incluía solamente la enfermedad que hoy conocemos como enfermedad de Hansen (lepra), sino también afecciones como psoriasis severa, vitíligo avanzado, infecciones fúngicas de la piel y otras enfermedades cutáneas graves que parecían contagiosas o causaban rechazo por su apariencia.

2. El significado religioso en la Ley del Antiguo Testamento (Levítico 13–14)

En la sociedad israelita, la lepra no era simplemente una enfermedad física, sino un símbolo de impureza espiritual y religiosa.

Considerada un castigo divino: Los judíos veían la lepra como consecuencia del pecado, una enfermedad que ningún ser humano podía sanar y que solamente Dios podía curar.

La muerte en vida: Aunque el leproso seguía vivo físicamente, era considerado espiritualmente como un muerto. Por ello debía rasgar sus vestidos, llevar el cabello despeinado, cubrirse los labios y gritar: “¡Impuro, impuro!”

3. Castigo social: aislamiento y marginación extremos

Cuando una persona era diagnosticada como leprosa, quedaba inmediatamente separada de su familia, sus amigos y su comunidad de fe.

Expulsión fuera del campamento: Los leprosos eran obligados a vivir fuera de las murallas de la ciudad, en campos desolados o cuevas alejadas del calor humano.

Mantener distancia (porrōthen, πόρρωθεν): Como se menciona en Lucas 17:12, donde los leprosos estaban “a lo lejos”, debían mantenerse al menos a cien codos (aproximadamente entre 45 y 50 metros) de distancia de las personas sanas. En los días de viento, la distancia debía ser aún mayor dependiendo de la dirección del mismo. Si se acercaban demasiado, podían incluso ser apedreados.

4. Un aislamiento más cruel que una sentencia de muerte

Su verdadero sufrimiento no era el dolor físico, sino la ruptura de las relaciones humanas.

No podían volver a tomar de la mano a sus familiares. No podían entrar al templo para adorar a Dios. Vivían como personas olvidadas por la sociedad, experimentando una muerte psicológica, social y espiritual.

Por eso, cuando Jesús pasó junto a ellos, escuchó sus voces y los limpió con Su palabra, no estaba realizando simplemente una curación médica.

Estaba restaurando relaciones familiares rotas, reintegrándolos a la sociedad y a la comunidad de fe, y proclamando una gran salvación y liberación.

(i)

Al reflexionar sobre el hecho de que el verdadero sufrimiento de los leprosos de aquel tiempo no era tanto el dolor físico como la ruptura de sus relaciones, pienso que todavía hoy hay innumerables personas que sufren precisamente ese mismo dolor.

“La ‘ruptura de relaciones’ y el ‘aislamiento social’ que experimentaban los leprosos en la Biblia continúan repitiéndose en la sociedad moderna, aunque bajo formas diferentes y, en muchos casos, más sofisticadas y crueles.

Los ‘leprosos modernos’ que podemos encontrar a nuestro alrededor se manifiestan de las siguientes maneras:

1. Las colonias invisibles de aislamiento en la sociedad moderna

Muertes en soledad y aislamiento social: La tecnología ha avanzado hasta el punto de que el mundo parece más conectado que nunca; sin embargo, cada vez aumentan más los casos de personas que mueren solas o de jóvenes que se encierran en sus habitaciones y viven completamente aislados. Son los equivalentes modernos de quienes viven “fuera del campamento”.

Los ancianos y los grupos marginados: Hay innumerables personas mayores que viven en residencias o en habitaciones apartadas, lejos del cariño de sus familias y de la atención de la sociedad. Aunque están vivas, son prácticamente olvidadas.

Estigmas emocionales y psicológicos: Quienes padecen depresión, trastorno de pánico u otras enfermedades emocionales temen los prejuicios y las miradas frías de los demás, por lo que terminan encerrándose en sí mismos y cayendo en una profunda desconexión.

2. La misión del cristiano: mensajero de la restauración de las relaciones

El propósito final de Jesús al sanar a los leprosos y enviarlos a los sacerdotes no era simplemente curar su piel. Su objetivo era restaurarlos a sus familias, devolverlos al lugar de adoración y reintegrarlos a la red de relaciones sociales de la que habían sido excluidos.

La misión de los cristianos hoy es la misma. No solamente debemos proclamar la sanidad espiritual y física, sino también convertirnos en un puente que restaure las relaciones rotas y vuelva a conectar a quienes han sido separados.

Así como las dos hermanas de Sorokdo drenaban con sus propias manos las heridas de los enfermos y restauraban su dignidad humana y sus relaciones, nosotros también debemos cruzar las barreras invisibles que el mundo ha levantado y convertirnos en prójimos de los solitarios y olvidados” (Internet).

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En tercer lugar, cuando los diez leprosos encontraron a Jesús y, permaneciendo a distancia, clamaron a gran voz: “¡Jesús, Maestro, ten misericordia de nosotros!”, surgió en mí una pregunta: ¿por qué Jesús les respondió diciendo: “Id y mostraos a los sacerdotes”?

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“Las palabras de Jesús a los leprosos: ‘Id y mostraos a los sacerdotes’ contienen razones muy importantes desde el punto de vista legal, social y teológico de aquella época. Comprender el trasfondo de Levítico 14 nos ayuda a entender la profundidad de este mandato” (Internet).

1. Los sacerdotes poseían la autoridad exclusiva para autorizar la reintegración social (cumplimiento de la Ley)

En la sociedad israelita, un leproso que aparentemente había sanado no podía simplemente regresar a su hogar o reincorporarse a la sociedad por iniciativa propia.

Diagnóstico oficial: Según Levítico 13 y 14, la única persona autorizada para verificar que una enfermedad de la piel había desaparecido y declarar oficialmente a alguien “limpio” era el sacerdote.

La intención de Jesús: Jesús no vino para abolir la Ley, sino para cumplirla (Mt. 5:17). Por ello, quiso que aquellos hombres siguieran el procedimiento establecido para que pudieran regresar de manera legítima y segura a sus familias, a la sociedad y a la comunidad del templo.

2. Un testimonio mesiánico dirigido a los sacerdotes

En el judaísmo de aquel tiempo, la lepra era considerada una enfermedad que solamente Dios podía sanar.

Una señal extraordinaria: Que diez leprosos aparecieran completamente sanos ante los sacerdotes era un acontecimiento sin precedentes en la historia.

La presentación de una evidencia: También en Mateo 8:4, después de sanar a un leproso, Jesús le dijo: “Muéstrate al sacerdote... para testimonio a ellos”.

Así, el simple hecho de que aquellos hombres que habían vivido confinados en una colonia de leprosos comparecieran sanos ante los sacerdotes constituía una poderosa evidencia para los líderes religiosos de que el Mesías enviado por Dios había llegado.

3. Una prueba de obediencia que exigía fe

Lo más sorprendente de este mandato es que Jesús les dijo “id” antes de que fueran visiblemente sanados.

El milagro ocurrió en el camino: La segunda parte de Lucas 17:14 dice: “Y aconteció que mientras iban, quedaron limpios”.

La fe acompañada de obediencia: Si aquellos hombres hubieran respondido: “Todavía seguimos enfermos; ¿cómo vamos a ir ante los sacerdotes? Primero sánanos”, y se hubieran negado a obedecer, jamás habrían experimentado la sanidad.

Jesús obró a través de la obediencia y la fe de aquellos hombres que comenzaron a caminar confiando únicamente en Su palabra.

Resumen:
Este mandato fue: Para los leprosos, una medida de gracia que les otorgó sanidad y restauración de su identidad social. Para los sacerdotes, una poderosa evidencia de que Jesús era el Mesías.
Para los leprosos, una prueba de fe mediante la cual Jesús examinó su confianza y obediencia.

Y fue precisamente cuando comenzaron a dar aquellos pasos de obediencia que ocurrió el milagro: su carne fue restaurada y su piel quedó completamente limpia.

(i) Cuando reflexiono sobre el hecho de que “lo más sorprendente de este mandato es que Jesús les dijo primero: ‘Id’, antes de sanar su enfermedad”, pienso que aún hoy el Señor nos ordena: “Ve” (tal como le habló al profeta Jonás, y también como en la Gran Comisión de Jesucristo), y que ese mandato constituye una prueba mediante la cual Él examina nuestra fe.

“El mandato del Señor: ‘Ve (Go)’ es la prueba de fe más poderosa, mediante la cual Él verifica si confiamos en Su fidelidad aun cuando no vemos ninguna evidencia delante de nuestros ojos.

Si conectamos esta profunda reflexión con el contexto bíblico, podemos descubrir con mayor claridad tres verdades espirituales.

1. Jonás y la Gran Comisión: dar pasos antes de ver los resultados

El profeta Jonás:
El mandato de Dios que vino a Jonás también fue: “Levántate y ve a la gran ciudad de Nínive” (Jonás 1:2). Aunque no había ninguna señal visible de arrepentimiento en aquella ciudad enemiga, Dios primero exigió la obediencia de Jonás y sus pasos de fe.

La Gran Comisión:
La última orden que Jesús dio a Sus discípulos, después de recibir toda autoridad en el cielo y en la tierra, también fue: “Por tanto, id y haced discípulos a todas las naciones” (Mateo 28:19).

Ante las enormes barreras del mundo, los discípulos parecían débiles e incapaces. Sin embargo, el Señor no les dijo: “Muévanse cuando hayan adquirido toda la capacidad necesaria y tengan todo confirmado”. Más bien, les ordenó ir. Cuando obedecemos Su mandato de ir, Él obra con nosotros y permanece con nosotros hasta el fin del mundo.

2. “Mientras iban, fueron limpiados” (el momento de la obediencia y del milagro)

Cuando los diez leprosos miraban su propia piel, todavía veían heridas abiertas y llagas supurantes.

Si hubieran dicho: “Iremos cuando nos muestres primero la evidencia de que hemos sido sanados”, nunca habrían experimentado el milagro.

La fe no consiste en moverse después de haber sido sanado, sino en dar un paso adelante creyendo que ya se ha recibido lo prometido porque el Señor lo ha dicho.

Lo mismo ocurre en nuestra vida. Si esperamos a que las finanzas mejoren, las circunstancias se abran y todos los problemas se resuelvan antes de actuar, jamás veremos la obra del Señor.

Aunque todo parezca bloqueado, es precisamente en el camino de la obediencia, cuando damos un paso respondiendo al mandato del Señor: “Ve”, que los milagros comienzan a manifestarse.

3. La prueba de la fe: “Tu fe te ha salvado”

En la parte final del pasaje (v. 19), Jesús le declaró al samaritano que regresó:

“Tu fe te ha salvado.”

Los diez obedecieron el mandato de ir y recibieron sanidad física (v. 14). Sin embargo, el Señor concedió una gracia aún mayor —la salvación del alma— al único que regresó después de haber pasado la verdadera prueba de fe contenida en aquel mandato.

Aún hoy el Señor nos sigue diciendo:

“Ve primero hacia esa persona a quien te resulta difícil perdonar.”
“Ve hacia los marginados y los cautivos.”
“No permanezcas en ese lugar de desánimo; ve hacia la tierra de la promesa.”

El mandato del Señor de “ir”, pronunciado en momentos que nuestra razón no puede comprender, no tiene el propósito de confundirnos ni de ponernos en aprietos. Más bien, es una prueba sabia mediante la cual Él refina nuestra fe para permitirnos experimentar milagros más grandes y una salvación más profunda.

(4) Finalmente, una lección del samaritano agradecido

Por último, deseo meditar en la enseñanza que recibimos del hecho de que, entre los diez leprosos que fueron limpiados, solamente un “extranjero” (Lucas 17:18), un “samaritano” (v. 16), al ver que había sido sanado, regresó glorificando a Dios a gran voz y se postró a los pies de Jesús para darle gracias (vv. 15-16).

(a) “El hecho de que, de los diez que fueron limpiados, solamente un samaritano extranjero regresara para dar gracias constituye una de las lecciones espirituales más profundas y dolorosas para nosotros, los cristianos, que fácilmente podemos caer en la rutina espiritual. Basándonos en el significado del texto original y en su trasfondo teológico, podemos destacar tres grandes enseñanzas de este episodio.”

1. La enfermedad espiritual de la “normalidad” (los nueve judíos)

Jesús expresó una profunda tristeza al preguntar acerca de los nueve que no regresaron:

“¿No fueron diez los que quedaron limpios? ¿Y los nueve dónde están? ¿No hubo quien volviera y diera gloria a Dios sino este extranjero?” (vv. 17-18).

Es muy probable que los otros nueve fueran judíos.

Quizás, por considerarse el pueblo escogido de Dios, pensaban que recibir sanidad del Mesías no era una gracia inmerecida sino un derecho que les correspondía.

Tan pronto como fueron sanados, olvidaron al Señor y continuaron su camino, ocupándose de sus deberes religiosos y de su vida cotidiana.

Lección para nosotros:
Cuanto más tiempo llevamos en la vida cristiana, más fácil es caer en una insensibilidad espiritual que considera la salvación y las bendiciones de Dios como algo normal y merecido.

Un creyente que ha perdido la gratitud puede haber sido sanado en su cuerpo, pero sigue teniendo un alma enferma, igual que aquellos nueve judíos.

2. La actitud de adoración de quien conoce la gracia y la salvación (el samaritano)

En contraste, el samaritano sabía perfectamente que no tenía ningún mérito propio.

Era extranjero y, además, un leproso considerado impuro y maldito según la ley.

Por eso, la sanidad que recibió no era algo que pudiera reclamar como un derecho; era una gracia inmerecida e imposible de pagar.

El texto describe su gratitud de manera muy vívida:

“Glorificando a Dios a gran voz” (v. 15):
Era una alabanza incontenible y una alegría que brotaba desde lo más profundo de su corazón.

“Se postró a los pies de Jesús” (v. 16):
La expresión griega epesen epi prosōpon (ἔπεσεν ἐπὶ πρόσωπον) significa literalmente “cayó rostro en tierra completamente postrado”.

No estaba viendo a Jesús simplemente como un sanador, sino como el Señor soberano de su vida y de su destino. Era una actitud de adoración absoluta y de total rendición.

Lección para nosotros:
La verdadera gratitud nace de un corazón humilde que reconoce que es el principal de los pecadores y que no tiene ningún mérito para recibir la salvación.

La magnitud de la gracia que experimentamos es proporcional a la profundidad de nuestra humildad.

3. Más allá de la sanidad física: la salvación del alma (v. 19)

El punto culminante de este relato es la declaración final de Jesús:
“Levántate y vete; tu fe te ha salvado.” Los diez experimentaron la sanidad física mientras iban en camino.

Pero solamente este samaritano que regresó para dar gracias y glorificar a Dios recibió además la gracia de la salvación (sōzō, σῴζω), es decir, la liberación de su alma del pecado.

Lección para nosotros:
El propósito final que el Señor desea darnos no es simplemente la solución de nuestros problemas terrenales ni la salud física. Su propósito supremo es que disfrutemos de la salvación eterna del alma mediante una relación personal con Él. La gratitud es la llave que transforma un milagro en salvación. (Internet)