La esencia del verdadero discipulado es “un pago completo del costo” y “una rendición incondicional”, mediante los cuales toda la soberanía de mi vida (relaciones humanas, vida y posesiones) es transferida por completo a Jesucristo.
“Grandes multitudes iban con Él; y volviéndose, les dijo: ‘Si alguno viene a Mí y no aborrece a su padre y madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser Mi discípulo. Y el que no lleva su cruz y viene en pos de Mí, no puede ser Mi discípulo. Porque, ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla? No sea que después que haya puesto el cimiento y no pueda terminarla, todos los que lo vean comiencen a burlarse de él, diciendo: “Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar.” ¿O qué rey, al marchar a la guerra contra otro rey, no se sienta primero y considera si puede hacer frente con diez mil hombres al que viene contra él con veinte mil? Y si no puede, cuando el otro todavía está lejos, le envía una embajada y le pide condiciones de paz. Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncie a todo lo que posee, no puede ser Mi discípulo’” (Lucas 14:25–33).
(1) Mientras meditaba hoy en Lucas 14:25–33, me pregunté qué relación tiene este pasaje con Lucas 14:15–24, el pasaje que medité ayer.
(a) “Lucas 14:15–24 (la parábola del gran banquete) y Lucas 14:25–33 (la enseñanza sobre el discipulado) están estrechamente conectados por el tema central de ‘la actitud correcta para responder a la invitación del Reino de Dios y el costo que ello implica’. Mientras que el primero muestra las excusas de quienes rechazan la invitación, el segundo presenta las condiciones concretas de lo que debe abandonarse para responder verdaderamente a esa invitación. La conexión contextual y teológica entre ambos textos puede resumirse en tres ejes principales:
1. El problema de las prioridades de la vida (excusa para rechazar vs. condición del discípulo)
Ambos pasajes tratan el problema de poner las posesiones y relaciones terrenales por encima de Dios.
Lucas 14:15–24 (Parábola del Banquete): Los invitados rechazaron el banquete debido a un campo (propiedad), unos bueyes (trabajo/negocio) y el matrimonio (familia). Estas cosas no eran malas en sí mismas, sino aspectos normales de la vida cotidiana. Sin embargo, cuando fueron colocadas por encima del Reino de Dios, se convirtieron en obstáculos decisivos que llevaron al rechazo de la invitación.
Lucas 14:25–33 (Discipulado): Jesús menciona inmediatamente estos mismos tres elementos y declara las condiciones del discipulado. Dice que, si uno no aborrece a su padre y madre y esposa e hijos (familia, v. 26), no toma su propia cruz (vida, v. 27) y no renuncia a todas sus posesiones (propiedades, v. 33), no puede ser Su discípulo.
Conexión: Para no repetir el fracaso de quienes rechazaron el banquete usando como excusa las preocupaciones cotidianas (campo, bueyes y familia), es indispensable una “reorganización de prioridades” en la que se ame al Señor más que a la familia y las posesiones.
2. Calcular el costo de la “gracia costosa” (parábolas de la torre y de la guerra)
El banquete del Reino de Dios es una gracia dada gratuitamente, pero permanecer en esa invitación requiere una decisión total y radical.
Lucas 14:28–32: Jesús presenta las parábolas de un hombre que construye una torre y de un rey que se prepara para la guerra. El punto central de ambas parábolas es: antes de comenzar, uno debe calcular el costo y el precio a pagar.
Conexión: Participar en el gran banquete del Reino de Dios (la salvación) es un privilegio inmenso, pero no basta con seguir emocionalmente a Jesús como parte de la multitud (v. 25). Para permanecer hasta el final en el banquete y vivir como ciudadano del cielo, uno debe reconocer claramente el costo de aquello a lo que tendrá que renunciar y decidirse firmemente.
3. La transición de “multitud” a “verdadero discípulo”
Entre ambos pasajes ocurre un cambio de audiencia y de atmósfera.
Conexión: Hasta el versículo 24, Jesús hablaba la parábola del banquete a la clase privilegiada dentro de la casa de un fariseo, en un ambiente cerrado. Pero en el versículo 25, cuando grandes multitudes comenzaron a seguirlo, Jesús se volvió hacia ellas y habló acerca del discipulado. Esto constituye una fuerte exhortación: “No permanezcan simplemente como una multitud que ha recibido la invitación al Reino de Dios, sino conviértanse en verdaderos discípulos dispuestos a pagar el costo.”
En resumen: Si el pasaje anterior (vv. 15–24) expone la realidad humana de rechazar la invitación al Reino de Dios debido a las preocupaciones y posesiones del mundo, el pasaje siguiente (vv. 25–33) presenta la respuesta práctica: para responder dignamente a esa invitación y convertirse en un verdadero discípulo, uno debe estar dispuesto a dejar incluso sus posesiones y su propia vida” (Internet).
(2) Mientras meditaba en esta conexión estructural, quise reflexionar sobre tres enseñanzas de Jesús acerca de lo que debemos hacer para responder dignamente a la invitación al Reino de Dios y convertirnos en verdaderos discípulos:
(a) Primero, Jesús nos dice que debemos aborrecer incluso a nuestros padres, esposa, hijos y nuestra propia vida (v. 26).
(i) Lucas 14:26 dice: “Si alguno viene a Mí y no aborrece a su padre y madre, y mujer e hijos, y hermanos y hermanas, y aun también su propia vida, no puede ser Mi discípulo.”
La palabra griega traducida como “aborrecer” es μισεῖ (misei), la forma presente en tercera persona singular de μισέω (miseō). No significa odio emocional u hostilidad en el sentido moderno. Más bien, dentro del contexto bíblico y del modismo hebreo, significa “amar menos” o “poner en un nivel inferior de prioridad” porque Jesús es amado supremamente por encima de todo. El significado y trasfondo principales de esta palabra pueden resumirse de la siguiente manera:
1. Expresión comparativa hebrea (“amar menos”)
La palabra griega μισέω (miseō) (“aborrecer”) traduce el hebreo śānēʾ (שָׂנֵא) del Antiguo Testamento.
Las antiguas lenguas semíticas (hebreo y arameo) carecían de expresiones comparativas refinadas como “amar A más que B”. Por ello, utilizaban el contraste “amar” y “aborrecer” para enfatizar prioridades.
Evidencia bíblica: En Génesis 29:30–31 se dice que Jacob amó a Raquel “más que” a Lea. Sin embargo, en el versículo siguiente se dice que el Señor vio que Lea era “menos amada” (literalmente, “aborrecida”, śānēʾ). Así, en la Biblia, “aborrecer” no implica odio emocional, sino “amar menos”.
Pasaje paralelo: Este significado se aclara aún más en Mateo 10:37, donde Mateo explica la expresión más fuerte usada por Lucas diciendo: “El que ama a padre o madre más que a Mí, no es digno de Mí.”
2. Prioridad absoluta (Disregard / Prioritize)
La palabra μισέω (miseō) también contiene el sentido práctico de “dejar de lado”, “poner en una prioridad inferior” o “rechazar”.
Cuando la voluntad de Dios o el llamado del Señor entra en conflicto con las demandas de la familia o incluso con la propia seguridad (la vida), el discípulo debe estar dispuesto a poner esas cosas en segundo lugar.
Asimismo, en Lucas 16:13, Jesús dice: “Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá (μισέω) al uno y amará al otro…”
Esto también habla del problema de las prioridades: no se puede colocar a dos cosas diferentes en el lugar supremo del corazón.
3. Recurso literario (hipérbole)
Jesús utilizó intencionalmente la hipérbole para dejar una impresión fuerte e inolvidable en Sus oyentes.
El mismo Jesús que enseñó a honrar a los padres y amar incluso a los enemigos no pudo haber ordenado literalmente odiar a la familia. Más bien, mediante esta expresión impactante, quiso grabar en ellos la verdad de que “el discipulado exige un costo absoluto y una devoción sin compromisos”.
Conclusión: Por lo tanto, la palabra μισεῖ (misei) (“aborrecer”) en Lucas 14:26 no es una cláusula tóxica que ordene albergar odio emocional. Más bien, es una poderosa declaración de discipulado: el Reino de Dios y Jesucristo deben ocupar el lugar supremo e irremplazable en la vida, de modo que ninguna relación humana preciosa ni siquiera la propia vida sean colocadas por encima del Señor (Internet).
· Aquí, “aborrecer a la familia” era una declaración mucho más destructiva y escandalosa de lo que hoy podemos imaginar. El significado real y el impacto social que los oyentes de Jesús habrían sentido eran los siguientes (Internet):
“En el antiguo Cercano Oriente y en la sociedad judía, la ‘familia (clan)’ no era simplemente una comunidad emocional, sino la totalidad de la supervivencia, identidad, economía y religión de una persona. Por lo tanto, poner a la familia detrás del Señor equivalía a renunciar a toda la base de la vida.
Pérdida de la supervivencia y de la base económica: En aquella época no existía un sistema estatal de seguridad social. Ser expulsado del clan o romper con la familia significaba ruina económica, pérdida del derecho de herencia y exclusión total de la red de apoyo social. En la práctica, era escoger el camino de convertirse en vagabundo o mendigo.
Conflicto con los valores religiosos y legales: Para los judíos, “Honra a tu padre y a tu madre” era el núcleo del quinto mandamiento de los Diez Mandamientos. Las palabras de Jesús acerca de relegar a los padres y la familia habrían parecido a los ojos de los líderes religiosos de la época un mensaje antisocial y escandaloso, como si fuera la incitación de un hijo rebelde que destruye la Ley.
Una redefinición completa de la identidad: En la sociedad antigua, una persona era definida como “hijo de alguien, perteneciente a tal familia”. Dejar atrás a la familia significaba abandonar la antigua identidad centrada en el clan y recibir una nueva identidad dentro de la “nueva familia del Reino de Dios (la iglesia)”, reunida alrededor de Jesucristo.”
· Aquí, “aborrecer la propia vida [‘ψυχή’ (psyche)]” (v. 26) no significa simplemente autodesprecio o deseos suicidas. Aplicando la definición bíblica de “aborrecer [‘μισέω’ (miseō)]” vista anteriormente (“amar menos”, “poner en segundo plano”), este pasaje significa “una actitud que no pone la supervivencia, la seguridad o la autorrealización por encima de Jesús, sino que está dispuesta a renunciar a ellas en cualquier momento por el Señor”. Su significado concreto puede explicarse de tres maneras (Internet):
a. Control del yo (Self) y del instinto de supervivencia
En la Biblia, “vida” no se refiere solamente a la vida física, sino también al yo humano, los deseos, la comodidad y el instinto de supervivencia.
Aborrecer la propia vida significa no poner el control de la vida en “mi supervivencia y bienestar”. Significa tomar como línea absoluta de referencia no la pregunta instintiva: “¿Cómo puedo vivir de manera más segura y cómoda?”, sino: “¿Cómo puedo seguir la voluntad del Señor?”
b. Resolución y firmeza de mártir
En tiempos de Jesús, confesar y seguir a Jesús como el Mesías ponía la vida en peligro frente al Imperio Romano y la sociedad judía.
Por lo tanto, aborrecer la propia vida aquí significa tener la firme actitud de considerar incluso la vida física como basura si es necesario por causa del evangelio y de la verdad. Es la “espiritualidad del martirio” que prefiere seguir al Señor y perder la vida antes que negarlo para salvarse.
c. Conexión con el pasaje paralelo (La verdad paradójica)
El significado de esta enseñanza coincide exactamente con Lucas 9:24: “Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; pero todo el que pierda su vida por causa de Mí, la salvará.”
Si uno convierte su propia vida en un ídolo y se aferra a ella, finalmente perderá la vida eterna. Pero cuando reconoce que la propiedad de su vida pertenece al Señor y la entrega voluntariamente (“la aborrece”), entonces obtiene la vida verdadera y eterna. Esta es la verdad paradójica.
Resumiéndolo en una sola frase: “aborrecer la propia vida” significa bajar del trono al mayor ídolo de la vida —el propio yo (Self)— y transferir completamente a Jesucristo la autoridad total sobre la vida, la muerte, la fortuna y la seguridad.
(b) En segundo lugar, Jesús también nos dice que llevemos nuestra propia cruz (v. 27).
(i) Lucas 14:27 dice: “Y el que no lleva su cruz y viene en pos de Mí, no puede ser Mi discípulo.”
· Aquí, “llevar la propia cruz” era una declaración mucho más destructiva y escandalosa de lo que hoy sentimos. El significado real y el impacto social que los oyentes de Jesús habrían percibido eran los siguientes:
“Hoy en día, muchos cristianos tienden a espiritualizar la ‘cruz’ como pequeñas dificultades de la vida, enfermedades o problemas de carácter que deben soportarse. Pero para los oyentes de Jesús, ‘llevar la cruz’ era una realidad extremadamente visual y aterradora.
Método de ejecución para rebeldes políticos: El Imperio Romano reservaba la crucifixión para quienes cometían traición o rebelión. Llevar la cruz significaba declarar públicamente ante toda la ciudad: ‘Soy un rebelde condenado a muerte por Roma’. Era un acto de vergüenza extrema.
Un camino sin retorno: El condenado debía cargar el travesaño de la cruz (patibulum) hasta el lugar de ejecución. Comenzar a caminar por ese camino significaba declarar que toda la vida anterior, los derechos legales y el futuro habían terminado por completo (muerte). Era un boleto de ida sin regreso.
La intención de Jesús: ‘Si quieren seguirme, abandonen toda expectativa de recibir un trato heroico. Solo aquellos que estén dispuestos a sufrir vergüenza como rebeldes ante los ojos del mundo y completamente preparados para morir (una resolución de mártir) pueden seguirme.’ Era el llamado más radical al compromiso absoluto” (Internet).
En las palabras de Jesús “lleva tu propia cruz”, la palabra griega traducida como “llevar” es βαστάζει (bastazei), forma del presente activo indicativo en tercera persona singular del verbo βαστάζω (bastazō). Esta palabra no significa simplemente sostener algo por un momento, sino “una acción continua de cargar y soportar hasta el final un peso enorme y doloroso”. Dentro del contexto cultural y gramatical de la época, esta palabra tenía los siguientes significados concretos (Internet):
(a) Una actitud continua y habitual (Significado del tiempo presente)
En la gramática griega, el tiempo presente indica no una acción única, sino una acción continua y repetida. Es decir, βαστάζει (bastazei) (“llevar”) no se refiere a una decisión tomada una sola vez en el pasado, sino a una vida continua de cargar diariamente el costo y la vergüenza de seguir al Señor.
(b) Asumir voluntariamente una carga pesada (To Bear / Carry)
βαστάζω (bastazō) suele tener el matiz de “soportar un peso muy pesado” o “cargar un fardo doloroso”. En otras partes del Nuevo Testamento se utiliza para describir soportar el calor y el cansancio del día (Mt. 20:12) o cargar con las debilidades de otros (Ro. 15:1).
El condenado a la crucifixión no era obligado por otros a arrastrar la cruz hasta el lugar de ejecución; debía cargar voluntariamente todo el peso sobre sus propios hombros. Jesús utilizó esta palabra para describir la vida del discípulo como una vida que asume voluntariamente un costo pesado y doloroso.
(c) Vergüenza pública y exposición de identidad (To Display)
En la literatura antigua, βαστάζω (bastazō) también podía significar “llevar algo sobre el cuerpo para mostrar públicamente la propia identidad”. Por ejemplo, en Gálatas 6:17, cuando Pablo dice: “Llevo [βαστάζω] en mi cuerpo las marcas de Jesús”, se usa esta misma palabra.
Cuando un condenado llevaba su cruz por las calles, estaba exhibiendo públicamente su culpa y vergüenza ante toda la ciudad. Por eso, βαστάζει (bastazei) significa no avergonzarse de la burla, la vergüenza y las desventajas que vienen del mundo, sino llevar públicamente y con valentía la identidad de ser discípulo de Jesús.
En conclusión, la palabra βαστάζει (bastazei) (“llevar”) en Lucas 14:27 declara que los sacrificios y sufrimientos concretos necesarios para seguir a Jesús no deben limitarse a un evento único, sino que constituyen la actitud continua de vida de un discípulo que los carga voluntariamente cada día, persevera hasta el final y sigue caminando.
n. Sin embargo, en la realidad, parece que muchos cristianos modernos se dedican a eventos de iglesias u organizaciones cristianas que hacen que los sacrificios y sufrimientos necesarios para seguir a Jesús parezcan algo de una sola ocasión.
“El discipulado del que habla la Biblia es una cruz llevada continuamente cada día (‘bastazei’), mientras que la vida de muchos cristianos modernos a menudo se limita a una ‘dedicación momentánea’ basada en eventos únicos o en experiencias emocionales. Las razones de este fenómeno y la distancia entre esto y el discipulado bíblico pueden observarse desde tres perspectivas.
1. El síndrome de las ‘misiones de corto plazo y retiros espirituales’ y el compromiso basado en eventos
Fenómeno: Muchos jóvenes y miembros de iglesias derraman lágrimas apasionadamente y toman decisiones de consagración en programas organizados como misiones de corto plazo, grandes conferencias o reuniones especiales de oración.
La distancia: Estos eventos pueden servir como buenos estímulos espirituales, pero la pasión se enfría rápidamente al regresar a la vida cotidiana. Durante una semana de misión en el extranjero, las personas actúan como si estuvieran dispuestas a cargar la cruz, pero fracasan fácilmente en morir al yo y amar al prójimo dentro de la rutina aburrida y repetitiva del trabajo, la escuela o el hogar.
2. Discipulado barato sin calcular el costo (Cost-Counting)
Fenómeno: Muchos eventos cristianos modernos prometen principalmente consuelo, ánimo, éxito y bendición. La gente evita las exigencias duras de Jesús de “renunciar a todas las posesiones y aun a la vida” (Lc. 14:28–32).
La distancia: El compromiso emocional tomado sin calcular el costo se parece al constructor que puso los cimientos de una torre pero no pudo terminarla, convirtiéndose en motivo de burla (Lc. 14:29–30). Es la imagen típica de las “grandes multitudes” (Lc. 14:25) que siguen a Jesús solamente por emoción, sin una resolución seria de pagar el precio.
3. Espiritualidad consumista y espiritualidad de la multitud
Fenómeno: La cultura moderna de la iglesia muchas veces convierte la fe en algo para “consumir”. Es fácil confundir la experiencia de “catarsis espiritual” obtenida al asistir a reuniones con buenas instalaciones, excelentes grupos de alabanza y sermones conmovedores, con la verdadera vida de discípulo.
La distancia: Jesús no se alegró simplemente porque “grandes multitudes” lo rodeaban (v. 25). Más bien, se volvió hacia ellas y proclamó las duras condiciones del discipulado (vv. 26–27), como si les arrojara agua fría. Fue un llamado a no permanecer como consumidores y espectadores de eventos religiosos, sino a convertirse en verdaderos seguidores cuyo discipulado atraviesa toda la vida.
Conclusión: El tiempo presente de la expresión de Jesús “llevar [bastazei] la cruz” muestra que el verdadero discipulado comienza solo después de que “el fuego de la conferencia se apaga y uno regresa al escenario de la vida cotidiana”. El culto dominical y los eventos especiales deben ser estaciones de recarga que proporcionen fuerza para seguir llevando la cruz en la dura realidad diaria; nunca deben convertirse en la totalidad misma del discipulado” (Internet).
(c) En tercer lugar, Jesús también nos dice que abandonemos todas nuestras posesiones (bienes) (v. 33).
(i) Este es el pasaje de Lucas 14:33: “Así, pues, cualquiera de vosotros que no renuncia a todo lo que posee, no puede ser mi discípulo.”
· Aquí, el verbo griego traducido como “renunciar” es “ἀποτάσσεται” (apotássetai), forma presente indicativa media en tercera persona singular del verbo raíz “ἀποτάσσω” (apotássō). No significa simplemente tirar algo a la basura, sino que, en el contexto antiguo, es un término legal y relacional muy fuerte y formal que significa “romper completamente una relación, despedirse o renunciar totalmente a la propiedad”. Sus significados concretos son los siguientes (internet):
Ruptura total de relación y despedida (To Say Goodbye)
El uso más común original de “ἀποτάσσω” (apotássō) es “despedirse” o “decir adiós”.
También aparece frecuentemente en otros textos del Nuevo Testamento en contextos de despedida:
Lucas 9:61: “Permíteme despedirme (apotássō) primero de mi familia.”
Hechos 18:18: “Pablo… se despidió (apotássō) de los hermanos.”
Por lo tanto, abandonar las posesiones significa decirles oficialmente a nuestras riquezas y bienes:
“Ya no tenemos nada que ver el uno con el otro.”
Significa romper completamente la relación con las posesiones para que ya no gobiernen ni dirijan nuestra vida.
Renuncia voluntaria y personal (el significado gramatical de la voz media)
Este verbo está en voz media (Middle Voice).
En griego, la voz media implica que el sujeto realiza la acción por sí mismo y para sí mismo, interiorizando personalmente dicha acción.
Es decir, no se trata de algo quitado por fuerza externa o por obligación legalista.
Más bien, describe la renuncia voluntaria y consciente de alguien que, habiendo descubierto el valor de Jesucristo y el tesoro del Reino de Dios, decide por sí mismo abandonar su apego y sus derechos sobre sus posesiones.
Transferencia de propiedad (De propietario a mayordomo)
Jesús no está diciendo que todo discípulo deba vender todas sus propiedades y convertirse en mendigo.
La esencia de esta palabra es “la transferencia total de propiedad”.
Significa despedirse (apotássō) de la ilusión: “Mi dinero, mi tiempo, mis talentos y mi vida me pertenecen”, y adoptar una transformación total de actitud, confesando: “El Señor es el dueño de todas estas cosas, y yo solamente soy un mayordomo encargado de administrarlas temporalmente.”
Conclusión y culminación del contexto general
El discurso sobre el discipulado en Lucas 14 finalmente se completa mediante el siguiente flujo de verbos griegos:
Misei (μισεῖ, v. 26): establecer la prioridad del corazón de “amar menos” las relaciones humanas y el yo en comparación con el Señor;
Bastazei (βαστάζει, v. 27): “llevar continuamente” el peso y la vergüenza que resultan de ello cada día;
Apotássetai (ἀποτάσσεται, v. 33): “despedirse voluntariamente” de todos nuestros derechos de propiedad. Jesús llamó “sal que ha perdido su sabor” (vv. 34–35) a una fe en la que estas tres decisiones (prioridad, perseverancia y renuncia) no funcionan realmente en la vida práctica.
Porque puede parecer sal en eventos o reuniones religiosas, pero en la realidad de la vida —donde están en juego las posesiones y la vida misma— no produce ningún sabor.
— “En la sociedad capitalista moderna, el dinero y las posesiones no son simplemente objetos materiales; funcionan como un ‘dios (Mammon)’ que garantiza la seguridad, el estatus y la supervivencia humana.
Por tanto, hoy la vida del discípulo que se despide de las posesiones puede practicarse de las siguientes maneras concretas:
Despedirse del deseo de elevar el propio estatus mediante las posesiones (incomodidad y moderación voluntarias)
La gente moderna intenta demostrar su valor por medio de lo que posee (qué automóvil, qué apartamento, qué marca).
Práctica: El discípulo debe despedirse de la forma mundana de exhibirse mediante las posesiones.
Aunque tenga la capacidad económica de comprar una casa más grande o un mejor automóvil, elige vivir con límites y moderación voluntaria por causa del Reino de Dios y del prójimo.
Rechazar el estándar mundano del éxito es el primer adiós a las posesiones.
Transferencia de soberanía del presupuesto familiar
(compartir regular y sacrificialmente)
Aunque confesemos con nuestros labios que Jesús es el Señor, si el propósito y la dirección de nuestro gasto se enfocan solamente en nuestra propia seguridad y la de nuestra familia, eso demuestra que la propiedad todavía nos pertenece a nosotros.
Práctica: El mayordomo que ha dicho oficialmente adiós (apotássetai) a sus posesiones cambia el destino de sus recursos materiales.
Practica regularmente un compartir sacrificial —hasta el punto de afectar su propia vida— para ayudar a huérfanos, viudas, vecinos marginados y la proclamación del evangelio.
Al dejar fluir sus recursos materiales, declara cada mes con su vida:
“Este dinero no me pertenece.”
Formación como “mayordomo cotidiano” más allá de emociones pasajeras
Es fácil llorar y decidir en una reunión de iglesia o en un campo misionero: “Lo entregaré todo.”
Pero el verdadero apotássetai comienza el lunes por la mañana, cuando se apagan las emociones de la reunión, en el trabajo y en el hogar.
Práctica: Consiste en cambiar el propósito mismo de ganar dinero.
No trabajar para hacerse más rico que los demás, sino trabajar fielmente en el lugar de vida que Dios ha confiado, para ejercer una influencia buena y administrar los recursos materiales.
Se necesita una rutina diaria de comenzar cada mañana confesando: “El tiempo, los recursos y la salud que me has dado hoy pertenecen al Señor.”
“Pérdidas selectivas” decididas que rechazan la codicia
En el proceso de acumular y aumentar riquezas, el cristiano debe romper decididamente con las ganancias injustas y las estructuras que explotan a otros.
Práctica: Rechazar valientemente las prácticas deshonestas que todos usan, inversiones injustas o modelos de negocio que dañan a otros.
Elegir voluntariamente sufrir pérdidas para obedecer la Palabra del Señor es la forma más poderosa de demostrar al mundo que uno no es esclavo del dinero, sino discípulo de Jesús.
Conclusión
El “apotássetai” del que habló Jesús no es un mandamiento legalista de vender inmediatamente todas las posesiones y convertirse en un vagabundo.
Es una declaración espiritual: “No permitas que el dinero se convierta en tu dios.”
La “multitud”, que encuentra consuelo en eventos religiosos temporales, intenta poseer al mismo tiempo la seguridad que da el dinero y la salvación que ofrece Jesús.
Pero el verdadero “discípulo” vive preparado para soltar en cualquier momento las riquezas que tiene en sus manos, porque encuentra seguridad únicamente en el Señor.
Solo cuando no perdemos esta “salinidad”, podemos vivir como la verdadera sal que no será desechada por el mundo.” (internet)
(3) Entre las enseñanzas de Jesús, quise meditar sobre “la parábola del hombre que construye una torre” (Lc 14:28–30).
(a) “La parábola del hombre que construye una torre en Lucas 14:28–30 es una severa advertencia y enseñanza educativa dirigida a la multitud que, llevada por la emoción, quería seguir a Jesús impulsivamente.
Jesús les dice: ‘Calculen fría y cuidadosamente cuál es el costo de convertirse en discípulos.’
El significado central de esta parábola puede resumirse en tres puntos principales: La necesidad de “calcular el costo” (Cost-Counting)
Contenido del texto: Es sentido común que quien desea construir una torre primero se siente y calcule si tiene suficientes recursos para terminarla.
Propósito: La vida del discípulo que sigue a Jesús no es un camino de comodidad y bendición sin costo alguno.
Implica el enorme precio de reorganizar las relaciones familiares (v. 26) y soportar la vergüenza y el sufrimiento de cargar la propia cruz (v. 27).
Jesús exige que nadie comience con entusiasmo impulsivo o ciego, sino que entienda claramente el sacrificio que deberá asumir y tome una decisión consciente.
La importancia de “perseverar hasta el final”
Contenido del texto: Si alguien pone solamente el fundamento y luego no puede terminar la construcción por falta de recursos, todos los que pasen se burlarán diciendo: ‘Este hombre comenzó a edificar y no pudo terminar.’
Propósito: El mayor peligro en la vida de fe es “comenzar brillantemente y no terminar”.
Cuando llegan la persecución, las pérdidas materiales o las tentaciones cotidianas, quien se niega a pagar el precio y abandona a mitad de camino se convierte en objeto de burla del mundo.
Jesús pregunta: “¿Estás preparado para conservar la fe hasta el final y completar la obra?”
Exposición de la “gracia barata” y de la espiritualidad de las multitudes
Conexión contextual: Esta parábola fue dada “cuando grandes multitudes iban con Él” (v. 25).
La mayoría de la gente seguía emocionalmente a Jesús, fascinada por sus milagros y por el pan que Él daba; eran espectadores.
Propósito: Jesús no estaba obsesionado con el número de seguidores.
Más bien, advirtió contra una espiritualidad superficial arrastrada por la emoción colectiva y deseó “unos pocos discípulos verdaderos que estuvieran dispuestos a pagar el costo hasta el final”.
Advirtió que un compromiso sin preparación termina derrumbándose como una construcción inacabada.
En resumen
Esta enseñanza significa: “Desde el comienzo mismo del discipulado, incluyan en sus cálculos el costo total de entregar sus posesiones y su propia vida.” En el contexto de la “devoción basada en eventos” que mencionamos anteriormente, Jesús está advirtiendo contra una fe parecida a una torre incompleta: personas que lloran emocionalmente en reuniones y solo colocan el fundamento (el comienzo), pero que no pagan continuamente el costo (la entrega de la vida) en la vida diaria, terminando finalmente como objeto de burla.” (internet)