«¡Hombres de poca fe, consideren los lirios!»

 




«¿Y quién de ustedes, por mucho que se preocupe, puede añadir un codo a su estatura? Pues si ni aun lo más pequeño pueden hacer, ¿por qué se preocupan por lo demás? Consideren los lirios, cómo crecen: no hilan ni tejen; pero les digo que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió como uno de ellos. Y si así viste Dios la hierba que hoy está en el campo y mañana es echada al horno, ¿cuánto más a ustedes, hombres de poca fe?» (Lucas 12:25–28)

 


(1) Después de leer el pasaje de hoy, Lucas 12:25–28, lo volví a leer en el griego original. Entonces, la primera palabra griega que llamó mi atención fue «ὀλιγόπιστοι» (oligópistoi) — «hombres de poca fe».

(a) Esta palabra griega es una combinación de «ὀλίγος» (oligos) que significa «poco» y «πίστις» (pistis) que significa «fe». Describe un estado de ansiedad que surge por la falta de una confianza total en Dios.

(i) Esta falta de confianza implica no tener la certeza plena de que nuestro Padre celestial sabe que necesitamos comida, bebida y vestido (v.30). Por ello, quedamos atados a las preocupaciones del mundo y caemos en la ansiedad.

Este corazón ansioso es un estado en el que la mente se divide y se tambalea ante amenazas visibles o carencias reales. Un buen ejemplo es cuando Jesús caminó sobre el mar y le dijo a Pedro: «Ven». Pedro caminó sobre el agua, pero al ver el viento tuvo miedo y comenzó a hundirse. Entonces Jesús extendió su mano y le dijo: «Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14:26–31).
Aquí, la palabra griega para «dudar» (v.31), «διστάζω» (distázō), significa literalmente «estar en una encrucijada» o «tener dos pensamientos». Implica vacilar, titubear o no poder decidir hacia dónde ir.

Significado espiritual de «dudar» en Mateo 14:31

En este contexto, «dudar» es diferente de la incredulidad total.

Distracción de la mirada: Cuando Pedro miraba a Jesús, caminaba sobre el agua. Pero al ver el fuerte viento (las circunstancias), su corazón se dividió entre Jesús y la tormenta.

Confianza inestable: No es una confianza firme, sino un estado emocional fluctuante que cambia según la situación.

Jesús vio que Pedro no podía fijar completamente su mirada en Él, sino que estaba dividido entre dos pensamientos (distázō), distraído por el entorno. Por eso le dijo: «Hombre de poca fe».

¿Por qué nos cuesta tanto enfocarnos en Jesús?

¿Por qué no logramos fijar nuestra mirada en Jesús —el autor y consumador de la fe (Hebreos 12:2)— y fácilmente dejamos que nuestro corazón sea capturado por circunstancias difíciles?

A menudo se debe a nuestro instinto de supervivencia y a nuestras limitaciones visuales. A través de la situación de Pedro, podemos ver varias razones:

1. Lo visible domina sobre lo que se cree

Nuestros sentidos están diseñados para reaccionar de inmediato ante peligros visibles. El «viento» que Pedro vio era algo que podía sentir y oír, una amenaza real para su vida. En cambio, la fe es «la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve» (Hebreos 11:1). Por eso, las amenazas visibles envían señales más rápidas y fuertes a nuestro cerebro que las realidades espirituales invisibles.

2. La naturaleza de «distázō» (mente dividida)

Como vimos antes, dentro de nosotros coexisten la confianza en Dios y la preocupación por el mundo. Cuando el corazón se divide en dos direcciones, tendemos instintivamente a enfocarnos en lo que parece más peligroso (las circunstancias). No es que no queramos mirar al Señor, sino que al intentar mirar tanto a Él como al entorno, terminamos siendo dominados por lo más impactante.

3. Nuestros propios cálculos van más rápido que la confianza en Dios

Cuando enfrentamos problemas, solemos calcular con nuestros recursos y experiencia. Pedro, siendo pescador, sabía muy bien cuán peligrosas eran las olas. Cuando el conocimiento basado en la experiencia se adelanta al poder del Señor, dejamos de mirarlo y concluimos: «voy a morir», cayendo en el temor.

4. El «músculo» de la fe está débil

Mirar al Señor con fe no es un instinto natural, sino como un «músculo espiritual» que requiere entrenamiento constante. Cuando llegan las dificultades, volvemos al instinto (el miedo). Si no practicamos conscientemente fijar nuestra mirada en Él, el centro de nuestro corazón se derrumba fácilmente.

Antes de reprender a Pedro, Jesús primero extendió su mano y lo sostuvo. Esto muestra que Él ya conoce nuestra debilidad: que somos seres que fácilmente perdemos el enfoque por causa de nuestras circunstancias.

# Me vino a la mente el pasaje de Salmos 103:15–16: «El hombre, como la hierba son sus días; florece como la flor del campo,
que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no la conocerá más.»

Así como la hierba que florece por la mañana y se marchita al atardecer, el Señor ya sabe que nuestro corazón y nuestras decisiones se marchitan fácilmente ante el viento de las circunstancias (las pruebas). Encuentro consuelo en la palabra que dice que Él se compadece de nuestra debilidad (Hebreos 4:15).

Mientras meditaba en el significado de la palabra griega para “dudar” en Mateo 14:31, «διστάζω» (distázō), recordé el pasaje de Santiago 1:5–8: «Pero pida con fe, no dudando nada; porque el que duda es semejante a la onda del mar, que es arrastrada por el viento y echada de una parte a otra. No piense, pues, quien tal haga, que recibirá cosa alguna del Señor. El hombre de doble ánimo es inconstante en todos sus caminos.»

Y me surgió la curiosidad de saber cuáles son las palabras griegas para “dudar” y “doble ánimo” en este pasaje de Santiago.

Palabras griegas en Santiago
“Dudar” — διακρίνω (diakrinō)

Esta palabra significa literalmente “dividir” o “distinguir”.
Más que una simple incertidumbre intelectual, se refiere a una actitud vacilante, en conflicto entre Dios y el mundo. Como una ola del mar sacudida por el viento, describe una voluntad dividida que, aunque cree en la promesa de Dios, al mismo tiempo intenta apoyarse en sus propios cálculos o en los métodos del mundo.

“Doble ánimo” — δίψυχος (dipsychos)

Esta palabra significa literalmente “tener dos almas”.
Describe un estado de división espiritual en el que dos voluntades independientes luchan dentro de una misma persona. Aunque alguien parezca estar dedicado a Dios, en realidad no puede abandonar los deseos del mundo, lo que produce una vida inestable e inconsistente.

¿Cuál es la relación entre estas palabras?

Entonces, ¿cuál es la relación entre:

«διστάζω» (distázō) en Mateo 14:31,
«διακρίνω» (diakrinō) en Santiago 1:6–8, y
«δίψυχος» (dipsychos) que significa “doble ánimo”?

¿Y qué enseñanza nos dan?

La relación entre las tres palabras y su enseñanza espiritual

Al conectar estas palabras, podemos ver un proceso de profundización de la duda:

Fenómeno (distázō):
Ante una amenaza inmediata, vacilamos entre la fe y el miedo.
(La vacilación momentánea de Pedro)

Proceso (diakrinō):
Dentro de esa vacilación, comenzamos a sopesar “¿Dios o el mundo?”, y nuestro interior se divide.
(La actitud en la oración contra la que advierte Santiago)
Fijación (dipsychos):

Finalmente, nos convertimos en personas inestables de “doble ánimo”, que no pertenecen completamente ni a Dios ni al mundo.

Jesús y Santiago, en común, nos llaman a tener un corazón íntegro (single-mindedness). Así como Pedro debía mirar solo al Señor y no al viento, Santiago nos exhorta a purificar un corazón que se deja sacudir por las circunstancias y a fijarlo únicamente en Dios.

(ii) Aquellos de poca fe, que caen en la ansiedad por falta de confianza total en Dios, no solo “dudan” (Mateo 14:31), sino que también “se preocupan” (Lucas 12:25).

Aquí, la palabra griega para “preocuparse”, «μεριμνῶν» (merimnōn), proviene de la combinación de “dividir” (μερίζω, merizō) y “mente” (νοῦς, nous). Su significado es “un estado en el que la mente está dividida en varias partes”.

Esta palabra describe de manera muy vívida una condición en la que toda la atención se dispersa entre múltiples preocupaciones, impidiendo concentrarse en Dios.

En el contexto de Lucas 12:25, Jesús pregunta: «¿Y quién de ustedes, por mucho que se preocupe (merimnōn), puede añadir un codo a su estatura (o a su vida)?» Aquí, “preocupación” se refiere al sufrimiento mental de esforzarse inútilmente por cosas que están fuera del control humano. En definitiva, la “preocupación” es una angustia inútil del corazón que intenta cambiar las circunstancias con el propio esfuerzo, pero en realidad no resuelve nada.

Cuando Jesús dijo: «¿Quién de ustedes, por preocuparse, puede añadir un codo a su estatura?» (v.25), estaba usando una expresión paradójica que muestra la impotencia de la preocupación humana. A través de las palabras traducidas como “estatura” y “codo”, esto puede interpretarse en dos sentidos:

1. Prolongación de la vida (significado temporal)

La palabra griega para “estatura”, hēlikia (ἡλικία), puede referirse no solo a la altura física, sino también a la “edad” o la “duración de la vida”.

La palabra traducida como “codo”, pēchys (πῆχυς), se refiere a la longitud desde el codo hasta la punta de los dedos (aproximadamente 45–50 cm).

Significado: Por mucho que una persona se preocupe, incluso perdiendo el sueño, no puede prolongar su vida ni un solo minuto (ni siquiera “un palmo” de tiempo). Esto enfatiza que la vida está completamente bajo la soberanía de Dios.

2. Crecimiento de la estatura física (significado espacial)

Aquí se entiende literalmente como la altura física.

Significado: Así como nadie puede crecer de repente 50 cm (un codo) por preocuparse, la actividad mental de la ansiedad no tiene ningún poder para producir cambios físicos. Es una forma figurada de mostrar su ineficacia.

3. “Lo más pequeño” (conexión con el versículo 26)

En el versículo 26, Jesús llama a esto «la cosa más pequeña».

Lo que para los seres humanos es algo casi imposible y enorme —como prolongar la vida—, para Dios, Señor de toda la creación, es algo muy pequeño.

Conclusión: «La preocupación es un gasto inútil que no aporta ninguna ayuda real para resolver los problemas de la vida (como la duración de la vida o la salud). Por lo tanto, entrégalo a Dios, quien tiene la soberanía sobre ello». Este es el poderoso mensaje.

(2) Entonces, ¿qué dijo Jesús a los de “poca fe” (Lucas 12:28)?
Él dijo: «Consideren los lirios» (v.27). Al meditar en esta palabra, recordé el versículo que ya habíamos considerado: «Consideren los cuervos» (v.24).

(a) La palabra griega usada tanto para “considerar” (v.24) como para “consideren” (v.27) es «katanoēsate (κατανοήσατε)».

Esta palabra es una combinación de:

kata (κατά) que significa “abajo” o “completamente”, y
noeō (νοέω) que significa “entender” o “poner la mente en algo”.

Va mucho más allá de simplemente “mirar una vez”, y contiene un significado muy específico e intenso:

1. Observación profunda y concentrada

Significa no mirar superficialmente, sino fijar la mirada intensamente en el objeto, examinándolo a fondo para comprender el principio y la esencia que hay detrás. Es mucho más fuerte que el simple “considerar”, acercándose más a la idea de “observar detenidamente”.

2. Ejercicio de la percepción espiritual

Es una exhortación a ir más allá de la observación visual y comprender, con la mente (intelecto), la providencia de Dios que cuida de los cuervos y de los lirios. Es decir, es un mandato: “Observa la naturaleza y saca una conclusión acerca de quién es Dios.”

3. Fijar el corazón

Esta palabra también significa “prestar atención” o “poner la mente en algo”. Implica apartar el corazón que ha sido dispersado por la preocupación y fijarlo en la fidelidad de Dios.

4. Un mandato enfático

Gramaticalmente en griego (imperativo aoristo), es una expresión que exige una decisión inmediata y firme. Significa: “¡Deja ya de preocuparte y comprende claramente esta verdad!”

En definitiva, Jesús está diciendo con fuerza a sus discípulos:
“Con los ojos que han sido capturados por las preocupaciones del mundo, observen detenidamente a los cuervos y a los lirios, y redescubran al Dios que cuida de ustedes.”

(i) ¿Por qué Jesús eligió entre tantos seres vivos precisamente a los “cuervos” y a los “lirios”? La razón tiene una profunda intención que atraviesa el contexto cultural y religioso de la época. Es para mostrar al máximo el amor de Dios que cuida incluso de “lo más bajo” y “lo más efímero”:

1. ¿Por qué “cuervos”? (Lo más despreciado e impuro)

Impureza según la ley: Para los judíos, los cuervos eran aves “impuras” según Levítico 11. Jesús enfatiza que Dios no olvida ni deja de alimentar incluso a aquellos que son rechazados por las personas y considerados sin valor espiritual.

Símbolo de supervivencia: Los cuervos no son aves dóciles ni domésticas como las palomas. Si Dios cuida incluso de criaturas rudas y marginadas, ¿cuánto más cuidará de ustedes, que son sus hijos?

2. ¿Por qué “lirios”? (Lo más común y pasajero)

Contraste entre belleza y fugacidad: Los lirios aquí no son flores cultivadas en jardines, sino flores silvestres del campo. Florecen hoy y mañana se usan como combustible para el fuego: seres insignificantes y de vida muy corta.

Comparación con Salomón: Aun Salomón, el más rico en la historia de Israel, no se vistió con tanta belleza como estas flores vestidas por Dios. Esto muestra que la gracia de Dios supera ampliamente el esfuerzo humano (tejer, trabajar).

3. En resumen: tranquilidad mediante el “contraste extremo”
Dios alimenta a los cuervos (aves impuras). ¿Cuánto más a ustedes (sus hijos)? Dios viste la hierba (que sirve de combustible). ¿Cuánto más a ustedes (seres eternos)?

En definitiva, al mostrar que Dios cuida de lo menos valioso (cuervos) y de lo más pasajero (flores silvestres), Jesús quiere dar esta certeza: “Ustedes son mucho más valiosos que ellos.”

Al meditar en esto, recordé Lucas 12:7: «Ustedes valen más que muchos gorriones.»

Es decir, Lucas 12:7 (gorriones), versículo 24 (cuervos) y versículo 27 (lirios) están todos conectados por la poderosa lógica divina de “cuánto más” (vv.24, 28). El énfasis central que Jesús presenta constantemente a través de estas ilustraciones es una comparación de valor:

1. El valor de la existencia: gorriones vs. cuervos vs. ustedes

Gorriones (v.7): En aquel tiempo, dos gorriones se vendían por un asarión (una moneda muy pequeña), por lo que eran comunes y de poco valor. Sin embargo, Dios no olvida ni uno solo de ellos.

Cuervos (v.24): Aún más impuros y rechazados que los gorriones.

Conclusión: Jesús declara: «Ustedes son incomparablemente más valiosos que muchos gorriones y que esos cuervos». Dado que su valor es mucho mayor que la supervivencia de ellos, Dios no los abandonará.

2. La profundidad del cuidado de Dios: cabello vs. alimento vs. vestido

Versículo 7 (gorriones y cabello): Dios nos conoce tan íntimamente que incluso cuenta los cabellos de nuestra cabeza.

Versículos 24 y 27 (cuervos y lirios): Dios se muestra como el proveedor que se encarga de nuestras necesidades reales: lo que comemos y lo que vestimos.

3. «No teman» y «No se preocupen»

La conclusión del versículo 7 es: «No teman».
(Es una seguridad frente a las amenazas a la existencia.)

La conclusión de los versículos 22–31 es: «No se preocupen».
(Es una certeza frente a la falta en la vida diaria.)

En definitiva, la línea de estas parábolas —gorriones, cuervos y lirios— nos recuerda cuán inmensamente valiosos somos nosotros, los hijos de Dios, a Sus ojos. La razón por la que nos convertimos en personas de poca fe (oligopistoi) es porque olvidamos tanto “nuestra propia valía” como “la atención detallada de Dios.”

Si explicamos la causa de convertirnos en “personas de poca fe” (ὀλιγόπιστοι, v.28) desde la perspectiva de nuestra valía y la atención de Dios, no se trata simplemente de un problema de voluntad, sino de un problema de relación y enfoque.

1. Cuando olvidamos “nuestra valía” (olvido del valor de nuestra existencia)

La razón fundamental por la que las personas caen en la preocupación es porque se sienten como huérfanos.

La lógica de la comparación: Jesús dice: «¿Cuánto más ustedes?» Si Dios cuida de la hierba y de los cuervos, ¿acaso no cuidará de ustedes, que son mucho más valiosos como Sus hijos?

El resultado del olvido: Cuando olvidamos cuán valiosos somos para Dios (más que los gorriones, hasta el punto de que nuestros cabellos están contados), comenzamos a pensar que debemos hacernos responsables de nuestra propia vida. Desde ese momento, las tormentas del mundo dejan de ser “entrenamiento” y se convierten en amenazas de supervivencia, y naturalmente nuestra fe se vuelve pequeña.

2. Cuando olvidamos “la atención detallada de Dios” (olvido del carácter del Proveedor)

Tener poca fe no significa negar la existencia de Dios, sino no confiar en que Él cuida incluso de los detalles de nuestra vida.

Cuidado detallado: El Dios que viste a los lirios y conoce el hambre de los cuervos no solo se ocupa del “panorama general”, sino que es profundamente detallista.

El resultado del olvido: Cuando olvidamos la atención de Dios, pensamos: «Dios se ocupa de las cosas grandes (la salvación, el cielo), pero probablemente no le interesan las cosas pequeñas como mi renta o lo que comeré mañana».

Este es el comienzo de un corazón dividido (merimnaō, preocupación), y es la esencia de la “poca fe” que Jesús señala.

3. Conclusión: “Personas de poca fe” (v.28) = falta de enfoque

En última instancia, tener poca fe significa que nuestra mirada se ha desplazado: de Dios que cuida de nosotros a las circunstancias de escasez.

Como no observamos profundamente (katanoeō) la provisión de Dios al ver a los cuervos, y como evaluamos nuestro valor según los estándares del mundo (como la abundancia material), nuestro corazón se agita.

Por eso Jesús pregunta: «¿Cuánto más valiosos son ustedes que ellos?» Nos está exhortando: «Mira de nuevo cuán valioso eres y cuán atento es tu Padre.»