Los cristianos sabios viven una vida digna del evangelio de Jesucristo,
aun cuando reciban críticas.
Al meditar en las palabras: “Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y vosotros decís: ‘Tiene un demonio’. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y vosotros decís: ‘Mirad, un glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores’. Pero la sabiduría es justificada por todos sus hijos” (Lucas 7:33–35),
deseo recibir las enseñanzas que se nos dan a través de este pasaje:
(1) Al meditar en el texto principal de hoy, Lucas 7:33–35, deseo hacerlo junto con el pasaje paralelo de Mateo 11:18–19:
“Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Tiene un demonio’. Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Mirad, un glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores’. Pero la sabiduría es justificada por sus obras.”
(a) Al meditar en estos pasajes bíblicos, deseo primero centrarme en Lucas 7:35 y en la segunda parte de Mateo 11:19:
“La sabiduría es justificada por todos sus hijos” [“Sin embargo, la sabiduría de Dios queda demostrada como correcta por quienes la aceptan” (Biblia en Lenguaje Actual)] (Lc 7:35), y “La sabiduría es justificada por sus obras” [“Sin embargo, la sabiduría de Dios queda demostrada como correcta por los resultados que la acompañan” (Biblia en Lenguaje Actual)] (Mt 11:19b).
(i) Primero, deseo considerar qué es la “sabiduría” de la que habla Jesús aquí. Aquí, la “sabiduría” se refiere a la sabiduría o enseñanza mediante la cual Juan el Bautista y Jesús enseñaron a las personas el camino de la salvación (Internet). Más concretamente, la “sabiduría” aquí es una expresión personificada que se refiere al propio Jesús y al evangelio que Él proclama (Internet).
Y la manera en que esta “sabiduría” es justificada como correcta ante los ojos del Señor es que todos los creyentes que creen en Jesús y le siguen (Rom. 9:7–8), es decir, “todos sus hijos” (Lc 7:35), vivan una vida digna del evangelio de Jesucristo (Fil. 1:27), aun cuando Jesús y el evangelio de Jesucristo sean tergiversados y criticados por los adversarios, y aun cuando los siervos de Dios como Juan el Bautista sufran persecución (cf. Hokma).
(b) A continuación, deseo meditar centrándome en Lucas 7:33 y Mateo 11:18: “Porque vino Juan el Bautista, que no comía pan ni bebía vino, y vosotros decís: ‘Tiene un demonio’” (Lc 7:33), y “Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: ‘Tiene un demonio’” (Mt 11:18).
(i) Estas palabras se refieren a las críticas que Juan el Bautista recibió de los fariseos y escribas. Al ver la vida ascética de Juan, lo acusaron diciendo que estaba “poseído por un demonio”.
“En aquel tiempo, en Israel y en el antiguo Cercano Oriente, se podía ver ocasionalmente a personas poseídas por demonios. Como su forma de vida y su comportamiento eran totalmente diferentes de los de las personas normales, por lo general eran aisladas” (Internet).
Juan el Bautista vivía en el desierto y no comía pan ni bebía vino, sino que comía langostas y miel silvestre (Lc 1:15; Mc 1:6). Además, desde su nacimiento fue apartado delante de Dios, como un nazareo, sin beber vino ni bebida fuerte (Nm 6:2–4), y llevó una vida piadosa y santa en el desierto.
A pesar de ello, los fariseos y escribas acusaron a Juan el Bautista de estar “poseído por un demonio” porque no participaba en sus banquetes perversos y en su vida lujosa, sino que más bien los reprendía (Hokma).
(c) Finalmente, deseo meditar centrándome en Lucas 7:34 y Mateo 11:19: “Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y vosotros decís: ‘Mirad, un glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores’” (Lc 7:34), y “Vino el Hijo del Hombre, que come y bebe, y dicen: ‘Mirad, un glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores’ …” (Mt 11:19).
(i) Estas palabras se refieren a las críticas que Jesús recibió de los fariseos y escribas. Ellos acusaron a Jesús diciendo: “Un glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores” (Lc 7:34; Mt 11:19).
A diferencia de Juan el Bautista, Jesús no llevó una vida ascética ni salvaje, sino que vivió una vida cotidiana normal, igual a la de los demás. Además, a diferencia de Juan, Jesús se sentaba con los pecadores, comía con los publicanos y se relacionaba con las multitudes humildes (Mt 9:10–11; Lc 15:1–2, etc.). Desde la perspectiva de Jesús, esto fue una denuncia viva y total de la forma religiosa hipócrita de los fariseos y otros líderes religiosos; pero desde la perspectiva de los fariseos, el comportamiento aparentemente irregular de Jesús no podía sino ser considerado como el de un destructor de la Ley (Hokma).
Como niños que no bailan cuando se toca la flauta ni se golpean el pecho cuando se entona un lamento (Lc 7:32), estas personas obstinadas —los fariseos y escribas— acusaron a Juan el Bautista, que llevaba una vida ascética, de estar poseído por un demonio (v. 33), y luego acusaron a Jesús, que no llevaba una vida ascética, de ser un glotón que ama la comida y un bebedor de vino, un borracho (v. 34).
Además, criticaron a Jesús llamándolo “amigo de publicanos y pecadores” (v. 34), especialmente en relación con el hecho de que Jesús participó en el banquete celebrado en la casa del publicano Mateo (5:27–32). Más allá del caso de Mateo, Jesús mostró un gran interés por quienes eran marginados social y religiosamente (Hokma).
Así, esta generación, sin importar qué mensaje se les transmitiera, no mostraba ningún interés en el mensaje, sino que solo buscaba, con malicia, motivos de crítica contra la verdad (Hokma).
(2) A través de esta meditación en la Palabra, recibo la enseñanza de que nosotros, los que creemos en Jesús, debemos llegar a ser cristianos sabios.
(a) Los cristianos sabios viven una vida digna del evangelio de Jesucristo, aun cuando Jesús y el evangelio de Jesucristo sean tergiversados y criticados por los adversarios.
(i) De la vida de Juan el Bautista, quien fue criticado como “poseído por un demonio”, aprendemos la lección de vivir una vida piadosa y santa, apartada delante de Dios.
(ii) De la vida de Jesús, quien fue criticado como “un glotón y bebedor de vino, amigo de publicanos y pecadores”, aprendemos la lección de tener un gran interés por quienes están marginados social y religiosamente, y de amar al prójimo.